Desapegarse no siempre es dejar de amar, volverse frío o apático; a veces es aprender a soltar eso que ya cumplió su ciclo en nuestra vida.
Vivimos como si todo fuera eterno: relaciones, etapas, momentos y personas.
A veces sufrimos no por la pérdida, sino por la resistencia al cambio.
Aferrarnos a eso que ya no nos sostiene solo provoca desgaste y sufrimiento.
Nadie nos enseña a despedirnos de aquello que aún queremos, pero saber que todo es temporal no le quita valor a la vida, se lo devuelve.
Porque el arte del desapego está en poder vivir lo que tienes frente a ti con la soltura de saber que, algún día, tendrás que dejarlo ir.